





La luz rebotada en superficies claras crea un cielo interior sereno. Apunta luminarias hacia paredes o techos mates y deja que la luz regrese filtrada, amplia y sin deslumbrar. Con ello, las esquinas se suavizan, el techo se percibe más alto y los volúmenes ganan continuidad. Ajusta intensidades para que la base no compita con los acentos; debe sostener, no dominar.
Trabajar, cocinar o leer requiere nitidez sin agresión. Opta por luminarias direccionables con difusores, lentes soft y un recorte limpio del haz. Ubícalas cerca de la tarea para reducir contrastes con el entorno, y acompaña con una base tenue. Así evitas sombras duras sobre manos y herramientas, mantienes claridad en los materiales y proteges la comodidad visual durante sesiones largas.
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